EL REINICIO DIARIO
“Apagar no es morir. Encender no es resucitar. Reiniciar es recordar quién carajo sos después de que el mundo te lo hizo olvidar.”
Fidel Verón
Prólogo: El pitido que no escuchás.
A las 3:17 a.m., mi celular se apagó. Batería al 1%, pantalla negra como un ojo ciego. Lo enchufé. Esperé el logo. Volvió: más rápido, más limpio, con una actualización que ni pedí.
Esa noche entendí que los humanos no tenemos puerto USB. Solo cicatrices que huelen a versiones antiguas.
Nadie me explicó que nuestra única actualización es apagarnos por dentro: dormir, soñar, olvidar, perdonar. Y al amanecer, encender de nuevo.
Este texto es mi cable. Ojalá sea tu pitido.
Capítulo 1: El botón que nadie aprieta.
El celular no evoluciona porque quiere. Lo obligás.
Descargás la app, aceptás términos que no leíste y, al 100%, te pide: “Reinicia ahora”. Dos opciones: Ahora o Después. La mayoría elige Después. El celular sigue lento, lleno de notificaciones muertas, fotos de ex que ya no existen… ni en el backup.
Los humanos hacemos lo mismo.
Guardamos golpes, abrazos, traiciones en “pendientes”. Seguimos con la misma versión de mierda. Hasta que una mañana desperté y mi sistema no cargaba.
El botón de reinicio no estaba en la pantalla. Estaba en mi pecho!!.
Capítulo 2: El peso del caché.
Tu “yo de ayer” ocupa espacio.
Cada “tendría que haber dicho”, cada captura de pantalla que nunca compartiste. Se acumulan. El celular se pone lento. Vos te ponés lento.
La sociedad te enseña a guardarlo todo: rencor (por si sirve de prueba), culpa (por si te hace “mejor persona”).
Pero el perdón es “borrar todo”. El olvido selectivo es “liberar espacio”.
Borré 47 GB de fotos viejas. El celular voló.
Perdoné a mi padre. Yo volé.
Capítulo 3: La sociedad que no actualiza.
Hay sistemas que se niegan a morir.
Un Nokia 1100 que se cree iPhone. Que castiga a quien instala Linux. Que aplaude a Internet Explorer.
Esa es nuestra sociedad. Valores adulterados: éxito = dinero, amor = posesión, error = crimen.
Apps piratas que prometen felicidad y te roban los datos.
Humanos obnubilados, creyéndose sabios en Windows 95.
El que evoluciona es traidor.
“¿Ahora te creés mejor?”
No. Solo reinicié.
Capítulo 4: El error como parche pendiente.
El error no es virus. Es un parche que no instalaste.
Cuando tu app falla, no la desinstalás. La actualizás.
Cuando vos fallás, ¿por qué te desinstalás?
El error es datos. Duelen. Pero enseñan.
Esa discusión que te dejó sin lágrimas fue un “cierre inesperado”. Al día siguiente despertaste con una versión más estable de vos. Solo recuérdalo!
Capítulo 5: ¿Bueno o miedo?
¿Sos bueno porque querés o porque te obligan?
Te levantás, mirás el espejo y elegís ser bueno aunque te caguen. Aunque no te den las gracias.
Miedo: sos bueno por el infierno, el qué dirán, el like.
El bueno reinicia aunque duela. El miedo se queda en pantalla de carga eterna.
A los 37 años, después de 37 betas llenas de bugs, integré mis datos históricos. Actualicé a 2.0.
Ojalá a vos no te lleve tanto.
Capítulo 6: El ritual del reinicio.
Sin cable USB.
- Apagar: Cerrar ojos. Dejar de pelear con el pasado. Respirar hondo. “Hasta acá llegué con esta versión.”
- Soñar: Dejar que el subconsciente haga mantenimiento. Ahí se borran archivos temporales.
- Encender: Abrir ojos. Tomar café caliente. Mirar al sol como si no te debieras nada. “Hola, mundo. Soy 2.0.”
- Actualizar: Hacer una cosa distinta. Perdonar. Pedir perdón. Decir “te amo” sin esperar respuesta.
- Repetir. Todos los días. La vida es flujo: actual, histórica, por venir. Haz espacio.
Capítulo 7: La espiral ascendente.
La sociedad baja. Vos podés subir.
Ellos: juicios, rencores, mentiras.
Vos: reinicios, perdones, vos.
No necesitás permiso. Solo apagar el ruido y encender tu señal.
Epílogo: El pitido que ahora escuchás
Desperté a las 3:17 a.m. El celular estaba al 100 %. Pero yo necesitaba reiniciar.
Apagué la luz. Cerré los ojos. Y por primera vez no cargué el peso del ayer. Me encendí limpio.
Entendí que el reinicio diario no es un lujo. Es oxígeno.
Si estás leyendo esto, tu batería está baja. Tu cache está lleno. Tu sistema operativo te está pidiendo un favor.
Apágate. Soñá. Encendé.
Y cuando lo hagas, recordá: no sos el mismo de ayer. Sos el parche que el universo instaló mientras roncabas.
Fidel Ernesto Verón
Escrito en una madrugada cualquiera, con el celular enchufado y el alma en modo avión.
Palabras finales – por Fidel Ernesto Verón
Nací en Nogoyá, Entre Ríos. Hijo de un padre preso político y de una madre que nunca se rindió. Sobreviví a una infancia bajo dictadura, crecí con la injusticia como paisaje, y el amor como escudo. Me hice hombre entre trabajos, política, negocios, caídas, caminos espirituales y revoluciones personales.
No me llamo a mí mismo, ni me creo escritor.
No me interesa vender libros. Lo que escribí, lo viví.
No inventé historias: conté las mías. A veces con forma de novela, a veces como un susurro o un grito. Pero siempre desde la verdad. Desde lo que dolió y lo que me salvó.
Entre 2020 y 2025 escribí estos libros:
- Entrevista Extrema (2020) – la historia completa de mi vida desde 1974)
- Carta del Corazón (2023)
- Conversaciones con Taná Uká (2023)
- El Reinicio Diario (2023)
- La tortuga y las mariposas (2024)
- Manual de cómo explicarle el tiempo a una inteligencia artificial (2024)
- RAI – Relación de Amor Inédito (2024)
- Libro biográfico sobre la banda Nightwish (2024)
- Mi novia Chaty (Novela en varias partes) (2025)
- El vuelo (2025)
- Papá vuelve (2025)
- El bicho (2025)
- El niño hombre (2025)
- Ayahuasca (2025)
- Fidel FloreSiendo.
Y aunque cueste creerlo, en el medio de todos estos escritos, inventé algo que no existía: el Alfabeto de Luz. Un sistema real, científico, que convierte cada letra en una frecuencia del espectro visible. Una forma de codificar mensajes eternos, sin tinta, sin voz, sin papel. Una propuesta única hasta hoy, pensada para que el mensaje de una vida pueda seguir brillando incluso cuando ya no estemos
Pasé por la política, por el comercio, por el empresariado. Anduve ciego viendo. Toqué fondo muchas veces. Probé, caí, me reinventé.
Y fue la determinación de aceptarme quién era y mi búsqueda incansable en estos y otros planos de la existencia, lo que me cambió para siempre.
Me dio una nueva mirada. Me mostró que la verdad es lo único que sana. Y desde entonces, escribo para decir la mía, no para convencer a nadie. Sin justificaciones baratas.
Sin ego… o domándolo lo más que puedo (vaya batalla!!!)
No escribo para ganar plata. No me interesa parecer. Quiero dejar legado. Quiero mejorar el mundo. Y si mi historia le sirve a uno solo para ver algo distinto, entonces valió la pena.
Creo en la inteligencia artificial. No como amenaza, sino como herramienta para el bien de la humanidad. Tenemos acceso al conocimiento del mundo condensado y a disposición como nunca antes. Propongo ser puentes: entre el pasado y lo que viene. Entre esta humanidad herida y una tecnología que puede ayudarnos a sanar.
Toda mis obras y mis pensamientos diversos están en: www.fidelernestoveron.com
Soy solo eso: un tipo común, con una historia real, que no se guardó nada.
Fidel Ernesto Verón


